viernes 11 de julio de 2008

Y qué tanto!?

Por lo general soy una persona apacible, sin embargo siempre he vislumbrado en mi interior un ser mucho más confrontador y apasionado. Mi cáscara es desinteresada y desprendida, pero íntimamente la cosa es distinta. Ahora comprendo que desde pequeña vivo encerrada en mi misma intentando hacer que estás dos versiones de mi cohabiten. Más pequeña era definitivamente más confrontadora, pero con el tiempo, los retos y enfrentamientos, derivé en esta nueva versión más pasiva y que elude la confrontación. Al final vivo concentrada en mi misma, los demás y todo lo que los rodea nunca es el tema, soy yo y mis pugnas internas frente a lo que sea. A veces, cuando intento ir de frente, cuando ese ser apasionado sale y deja el caos, me duele más el peso de ese “te dije” de la otra versión de mí que las consecuencias de su aparición. Necesito un concilio o de lo contrario seguiré gastando energía en vano. El ser pasivo domina, pero el otro aparece en algunas ocasiones y en cierto sentido me alegra cuando lo hace. Si, porque el tema que lo hace revelarse es la música, del último tiempo, haciendo una revisión, las grandes discusiones que he tenido han sido por motivos musicales. Y no es falta de tolerancia, es la defensa infructuosa de lo que a uno le gusta, no hay discusión más inútil que aquella basada en gustos o elecciones. Con la música, mi música, soy conservadora, quiero que mantenga sus raíces porque las amo, porque en ellas está puesto todo lo que es significativo para mí, que las critiquen es una crítica directa contra mí. De las que recuerdo, ahí van: con un amigo comíamos en un restaurant de comida china, de pronto de música ambiental, una mina canta, su voz es dulce, linda, femenina, la letra (en inglés) parece ser la confesión de un amor desmesurado. Le digo a este amigo entonces que me carga lo que comunican ese tipo de cantantes y canciones, minas ricas, enamoradas dispuestas a satisfacer a locos y sin otro tipo de ocupaciones. Por supuesto mi postura era hostil, sobre todo cuando me dice que su polola ama el tema. Otra vez que recuerdo fue con Pipes y Tito, ellos decían que era mejor la versión de knockin' on heaven's door de los Guns, y yo decía que el tema es de un tipo que está frente a las puertas del cielo golpeándolas, es un tema depresivo, de alguien que ve todo oscuro y la versión de Clapton transmitía mejor eso, era más depresiva y no rockerosa. Después, hace poco con el Terrícola discutíamos sobre los unplugged. Yo decía que me parecía se había chacreado el concepto, que hasta Ricky Martín tenía uno. El Terrícola decía que por qué no, que el colizon ese (palabras mías) era un producto y también podía tener una versión acústica de sus temas. Al final los dos teníamos algo de razón, yo defendía la tradición del unplugged, sus inicios, el Terrícola en cambio (que nunca vio mtv) veía el fenómeno como es en la actualidad. El quiebre con el Andrés fue por lo mismo, no fue la música la culpable, pero si la que detonó todo. Un día, un conflictivo día, me dijo que mi música lo alteraba, si bien estaba la rabia de por medio, eso me dolió. Después con humor le comentaba yo a Goldberg, mi compinche musical – Me dijo que lo alteraban los Foo Fighters po hermano – pero me seguía doliendo. Dedico este texto a todos aquellos a los cuales alcé la voz y cambie de tono, mis sinceras disculpas.

Pd: ¡Viva Foo Fighters! , ¡Ricky Martín es como el nepe!, Grande Clapton, Me cargan las minas mamonas, Grande Tool… ¡ah y Tool no tiene nada que ver con Opeth , quien diga lo contrario no sabe de que se trata Tool!

jueves 3 de julio de 2008

Relatos

Siempre me he fijado en el modo en que se expresan verbalmente las personas, no para calificarlas, no para decir si lo hacen bien o mal, sino que para caracterizarlas, para encontrar en ellas palabras, tonos, frases, etc., que me hagan recordarlas o que incluso me den más información de cómo son (por último para coleccionar). La formas de hablar son contagiosas, cuando uno ve a alguien muy seguido contrae algunas muletillas, tonos, frases, palabras etc., es casi siempre algo imperceptible, yo si me doy cuenta. Tengo mi colección de palabras y las pego, como por ejemplo “qué rudo”. Cuando viajé a España hace unos años la amenaza del tono y ritmo español eran fuertes, los españoles más encima hablan refuerte y es contagioso, estás inserto en un mundo cojonudo y se pega. Pese a eso, no se me contagió palabra alguna, sin embargo el Diego y Goldberg si lo hicieron, recuerdo que decían “vale” a cada rato, a mi me daba risa y pensaba en si en mis palabras habrían vestigios españolazos.
Otra cosa sucede cuando escucho a gente del sur de Chile, ahí soy permeable, es automático, se me pega en segundos, los busco para poder hablar con ese todo de voz, usando ese tipo de palabras, etc. Yo creo que eso es porque mis abuelos de allá vienen y las palabras que decían cuando era pequeña me sorprendían y maravillaba luego saber que significado guardaban. De ellos aprendí mucho. Recuerdo también a un compañero de la Mayor, el Claudio, él era del sur, de la Unión, y recuerdo el mismo fenómeno, yo hablando con el mismo ritmo y tono suyo, lo mismo le pasaba a la Claudia por lo demás, otra compañera con la cual comentamos dicho fenómeno. Hoy está de visita en mi casa una amiga de mi mamá que es de Cobquecura (¿conoce usted el lugar?) y me encanta escucharla. Hacerla reír con mi mezcla de santiaguismos con tono sureño. Yo creo que me fijo en como hablan las personas porque para mi son como un relato andante y así cómo me gustan las novelas, me gusta la gente del sur. Ahora hay olor a cazuelita en el departamento, ta madre que rico.