Hay un periodo de la vida en el cual uno jura que nació bueno para hacer tal o cual cosa, sorprende y fascina el hallazgo, pero luego uno descubre que no se trata de una habilidad innata, solamente faltaba alguien que hiciera las cosas. Ya más vieja y profe vi gente joven mucho más capaz que yo, sin embargo al toparme con ellos nuevamente nunca vi perseverancia. Es como cuando los hombres lavan la loza, lo hacen mejor, pero se demoran el doble, salpican más y lo hacen una vez al mes, disculpas por usar un ejemplo tan domestico (será que soy mujer pensaran algunos). El “hacer las cosas” es esencial, eso hace toda la diferencia; el éxito está más asociado a personas constantes que a talentosos. Esto desmoraliza a los talentosos, pero nos llena de optimismo a aquellos que no tenemos ni un brillo. Pensando en esto, descubro que mi vida ha sido absolutamente poco activa, de todo aquello en lo cual he ocupado gran parte de mi vida no hay grandes vestigios, esta mierda de blog es uno supongo. Me he enamorado un par de veces y creo que las víctimas ni se han dado por entendidos, incluso he construido respecto a ellos las más iluminadas situaciones en las cuales yo hago lo que nunca hice, llego sin avisar y con tremendos diálogos les confieso mi amor y pido perdón por mi displicencia. Es sorprendente y siniestro descubrir que uno ha vivido mucho más para uno mismo, que para efectivamente expresarlo al mundo. Claramente mi problema va por ahí, en pensar tanto las cosas y no hacerlas. Pensar tanto la vida y no vivirla. ¿Qué chucha…? – Me pregunto yo - ¿…acaso gano plata o estoy escribiendo un tratado filosófico o quizás una súper novela?... ¡pura paja molida no más iñora! Así que en estos 27 me celebro por ser tan monga y quererme así, y de pasadita me propongo ser más activa, seguir con la paja molida, pero jugar más. Gracias por los saludos y regalos.
miércoles 13 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)