miércoles 17 de diciembre de 2008

Marbella Resort




Sonia: Tu abuela me preguntò si te tincarìa ir a un paseo de esos que va ella.
Yo: ¿Esos de los seniles?
Sonia: Si
Yo: en què topamos!

Asì fue como sin cachar mucho a què decìa que si, me comprometì a viajar con el par de viejas.
El lugar fue marbella, un resort que està cerca de maitencillos. Me levantè a las 6:45 con la mejor cara que pude, Sonia llamò avisando que tenìa que llevar carnet. Yo iba como acompañante de Luz Herminia (mi abuela materna) y Sonia de la Nilsa (la hermana de Herminia). El bus iba lleno de viejos, yo era la màs joven, pero seguro me veìa màs decrepito porque ayer hice un movimiento huevòn y me caguè el cuello. Andar con puros abuelos puede parecer aburrido, pero a mi me gusta. Hay en ellos, sobre todo en los que salen en estos paseos, una predisposición a gozar, incluso cada cierto tiempo en el viaje el guìa les recordaba que estaban en una edad en la que debìan disfrutar la vida, yo pensaba que en la etapa que estoy yo tambièn tengo que disfrutar, después salen varices, duelen los huesos, asì que hay que hacer algo útil con el cuerpo antes que se estropee màs. Llegamos al resort y saco mi nikon D60, con esta (pensè) voy a hacer de esas fotos artistoideas de rostros y manos de viejos en blanco y negro. Prendo la càmara y me dice que no tiene la tarjeta memoria. Conchemimare que soy pastel, pero lo asumo lueguito porque al final ni un brillo andar sacando fotos hueonas y no disfrutar las bondades del lugar (igual busquè si vendìan memorias por ahì, me pasa que me protejo con la càmara, puedo estar en el lugar màs inhóspito, pero si estoy con càmara me siento bien, lo mismo en un lugar donde estè incòmoda). Por pajarota, me prometì escribir el paseo para asì conservar el recuerdo. Me sentè con Sonia en el ùltimo asiento, desde que nos subimos ella empezò a gritar payasadas y burlarse (en buena onda) de los abuelos. Yo cada cierto rato la retaba, pero al final me reìa màs que ella y gritaba cosas màs ofensivas. Nos quedamos raja, me masacrè el cuello durmiendo en el bus, pero a la larga igual fue un sueño rico. Se les ocurre llevarnos la playa y yo aun con esperanza de encontrar memoria para la càmara le pregunto a un sujeto.

Yo: Disculpa, hola, sabes si venden tarjetas de memoria para càmaras por aquì.
El: No, difícil, quizàs en la feria, pero lo dudo. Tienes que ir a puchuncÀvi
Yo: Dònde?
El: Puchuncavì
…que onda, por què le cambia el nombre, què le pasa

Nos tiramos a tomar sol con Sonia, y no pasan 40 minutos cuando tenemos que volver al bus, nos van a dar almuerzo.
En el salòn el huebeo de dònde sentarse, quedamos separadas de las seniles, pero se nos suman una pareja de seniles, dos comadres, Sergio y el chofer.
La comida es rica y la conversación es poca. Sonia intenta hablar con Sergio y yo paro la oreja para escuchar al viejo que està màs cerca mio. Se cacha que es un viejo gozador, que debe tener una cachà de hijos y que la señora està acostumbrada escucharlo hablar del copete y de las mujeres còmo un accesorio necesario (y equivalente). El vino està rico, la cosa se pone buena. Sergio es un solteron de 37 años en busca de una mujer que lo regalonee, eso me dice cuando estamos en la piscina. Sonia le dice que le buscarà pareja y en algún momento del viaje me dice que tiene pinta de gay. Yo lo he cachado mirando mucho, asì que no lo encuentro na cola. Sobretodo después de que se volvio loco untándonos protector solar en casi todo el cuerpo, yo cacho que Sergio en su puta vida se puso al sol y esta vez lo hizo encantado de la vida, mañana seguro amanece lleno de ronchas por caliente. Jugamos bingo, el mino que anima està rico, pero es idiota, se hace el chistoso y cae mal. No ganamos nada, yo querìa un traguito. Luego la once, me como la mitad y la otra se la ofrezco a Sergio que dice el almuerzo le quedò en la muela. Nos subimos al bus, el guìa cuenta un par de chistes:

Guìa: En què se parece una viuda (con el respeto de las viudas que hay aquì) a una hormiga, saben?
Todos: noooooo
Guia: en que las dos tienen los huevos bajo tierra.

El caballero es un senil tambièn, con Sonia aplaudimos y gritamos: empelota, empelota!!!

Nos quedamos raja, me bajo a comprar flores y naranjas como el resto de las viejas. Seguimos durmiendo y despertamos escuchando KC and the sunshine band, nos miramos con los ojos legañientos y hacemos la clàsica coreografìa. Es la despertada màs estùpida de mi vida.

Y asì fue màs o menos todo, llegue al departamento con flores y 5 kilos de naranja. La espalda quemada y el dolor de cuello màs suave.

Saludos!


ps: està mal configurado el teclado, de ahì los acentos hueones, pensè en cambiarlo, pero se ve choro asì.