
Yo creo que si hubiera nacido en el tiempo de las cavernas mi tribu ya me habría dejado botada, usado para probar algún alimento desconocido o quizás sacrificado. Es que con 27 años y tanta pifia es extraña la cosa. Recién fui al otorrino, se supone mis oídos acumulan cera (si que sexy) por que así no más nací y cada cierto tiempo tendré que ir a que me destapen (si, suena feo). Esta vez fue doloroso, pero es mejor que andar escuchando a medias. Ojo malo, oído malo, rodilla mala, cabeza chiflá, mala cosa.
Caminando con Sonia desde el consalud nos cruzamos con unos “elderes”, o sea mormones. Sonia me decía que le caían mal, que eran hostigosos y que alguna vez su ex garzona (la Aurora) le había comentado que estaban enamorados de ella, según esta garzona todos estaban enamorados de ella y conociendola, creanme, es muy difícil que aquello sea cierto. La cosa es que recordé los tiempos en los cuales aún vivía con Goldberg, eran tiempos tranquilos, de tocar guitarra, escuchar música, jugar play y hablar payasadas. En uno de esos paradisíacos días se les ocurrió a un par de mormones venir a nuestro departamento, motivados seguro porque son nuestro vecinos, es decir, hay un nido de ellos en nuestro condominio. Nos pidieron entrar para conversarnos, nosotros decidimos abrirles las puertas de nuestro paraíso (por ocio, curiosidad y buena onda). Sacaron unos libritos y comenzaron a narrarnos el cuento, Goldberg con la guitarra en la mano me miraba de vez cuando mientras escuchábamos con atención. Termina el discurso y ambos les decimos que no creemos en nada, que están perdiendo el tiempo con nosotros. Insisten. Volvemos a repetir que pierden el tiempo y parece que al fin entienden. Entonces la conversación se vuelve más humana y menos divina, nos enteramos del lugar donde viven en USA, las cosas que suelen hacer, cómo es la pega y entonces lo esencial, el tipo de música que les gusta. Uno de ellos, nos menciona varios grupos de música que nosotros conocemos y que nos gustan, la conversa se pone entrete y el otro Elder no hace más que resignarse. Al final termina el "Elder" buena onda tocando guitarra y cantando algún tema de Incubus, diciéndonos que si no estuviera metido en eso, se dedicaría a la música. Que ellos no podían compatibilizar ambas cosas, nos miramos los tres y levantamos los hombros, todos lo sentimos. El otro Elder nos deja unos folletos para que los leamos y meditemos al respecto, le decimos que no pierda el tiempo, que si quieren vienen pero para conversar, quizás hablar de música.