
Nunca he sido precoz, bajo ninguna perspectiva, de pensamiento incluso me considero bastante lenta o como la media, tirando para merme si. Me sorprende a veces pensar que entre humanos todo se basa en quién sabe más, tarea ilusa y atractiva a la vez pues siempre habrá alguien que sepa más y alguien que sepa menos que uno, como en todo. Quizás mi modo de acceder al conocimiento es lento, me cuesta entender por lecturas o consejos, es inevitable, tengo que vivirlo yo misma, sentirlo; de ahí que mi tipo de lectura favorita sea la novela, porque son eso, vida: personajes, problemas, lugares, etc., o los ensayos que suelen ser reflexión respecto a la misma. No confío en los datos, en la información cuyo sentido se basa en establecer su veracidad, pues me parece una tarea infructuosa. Cuando era más pequeña (y aun hoy), me resultaba aji en el poto que alguien me dijera algo que yo no sabía y que se supone con el tiempo y la experiencia sabría, y creo que en cierta medida eso me caracteriza bastante, tanto en mi porfía ante la ayuda, como en la búsqueda incansable de un conocimiento forjado por mi misma. No sé con precisión cuando comencé a funcionar así, pero hoy recuerdo un dialogo que tuve una vez con un compañero de carrera. Era este un compañero, de esos que la jotean a una del modo intelectual, o sea, una lata (ahora que lo pienso, me pasa bien seguido eso a mi, no que me joteen, sino que lo hagan de modo intelectualoso). Le gustaba llevarme la contra y mostrarme la versión “racional” y masculina de las cosas. Una vez entonces le dije…
Yo: Sabes, es imposible escaparse del egocentrismo, hasta por una razón física. El mundo existe y tu (maldito gusano) existes también, simplemente porque yo estoy aquí para percibirte. Si yo no estoy, si yo no me entero de nada, entonces tú desapareces.
El gil: ¡Pero qué egocéntrica!, ¿cómo el mundo va a ser creado para ti?
Yo: No po merme, a lo que me refiero es una cosa de percepción, no digo que el mundo esté bajo mi control y que su funcionar dependa de mí, solo que la historia se narra en la medida en que exista alguien que la escuche. La hueá es re obvia
Desde ese minuto yo creo que comencé a ver la existencia como una gran ficción, como un gran cuento en el cual conviven distintas versiones, distintos seres percibiendo y a su propio modo, o sea, es una novela. Recuerdo que en ese minuto me sentí sola y a la vez sentí una curiosidad tremenda por conocer como percibían los demás el mismo cuento.
Yo: Sabes, es imposible escaparse del egocentrismo, hasta por una razón física. El mundo existe y tu (maldito gusano) existes también, simplemente porque yo estoy aquí para percibirte. Si yo no estoy, si yo no me entero de nada, entonces tú desapareces.
El gil: ¡Pero qué egocéntrica!, ¿cómo el mundo va a ser creado para ti?
Yo: No po merme, a lo que me refiero es una cosa de percepción, no digo que el mundo esté bajo mi control y que su funcionar dependa de mí, solo que la historia se narra en la medida en que exista alguien que la escuche. La hueá es re obvia
Desde ese minuto yo creo que comencé a ver la existencia como una gran ficción, como un gran cuento en el cual conviven distintas versiones, distintos seres percibiendo y a su propio modo, o sea, es una novela. Recuerdo que en ese minuto me sentí sola y a la vez sentí una curiosidad tremenda por conocer como percibían los demás el mismo cuento.

