
Yo desde que recuerdo, siempre me he sentido un tanto incomoda en todos lados. Siempre he tenido la impresión de no pertenecer a ninguna parte, pero a la vez, de encontrar una parte de mí en todas. De acuerdo a esto postulé la existencia de personas “comodines”, personas que son capaces de encajar en diversos grupos y actividades con mucha facilidad (suelen caer bien en todos lados), pero de los cuales uno nunca tiene muy claro que realmente les gusta. Yo me considero una comodín (no sé si caiga bien en todos lados, pero si no ha sido así no me he enterado). Lo de ser comodín estás relacionado con cierta sensibilidad, empatía y manejo de información de diversa índole. Por ejemplo: Berni es ideal para jugar con niños, pero a la vez es excelente para invitarla a tomar once con la familia. No sé cuál es la causa de dicho fenómeno, quizás personas que han profundizado más en el estudio de lo humano (a través de sí mismos), tal vez aquellos que fueron atormentados en el colegio por no ser “normales”, etc., no lo sé. En la pubertad y posterior adolescencia era tremendamente doloroso no pertenecer a nada, sin embargo disfracé muy bien ese periodo con libros. Ahora lo disfruto, voy de lugar en lugar, de grupo en grupo, de ideología y en ideología, etc., buscando coincidencias y las disfruto, se vuelve un placer la diversidad. Sin embargo uno anda eternamente en la búsqueda de la compañía “perfecta”, aquella persona con la que tal vez no coincidas en todo, pero si en muchas cosas o las esenciales. Eso pasa pocas veces, y si es que. Cuando se encuentra alguien así, uno se abre (no piensen cochinadas, o bueno ya, eso sería una coincidencia), nuestra conciencia se expande y termina en la otra persona. Entonces dan ganas de sacar todo, de hablar imparablemente, de preguntar, de mostrar, de enseñar, de aprender, de conocer, de investigar, etc., en cambio, cuando hay más diferencias vitales, uno se guarda. Ahora comprendo por qué soy un comodín, lo soy porque me dedico a la tarea de hacer que las personas se sientan cómodas ante mí, para que no se limiten y así tener acceso a todo ese mundo que yo quiero conocer. Muy pocas veces me ha tocado sentirme cómoda y no es por temor, es solo falta de coincidencias. Sin embargo eso ha cambiado en este último año, conocí a una persona que fue capaz de hacerme sentir acompaña. Esa persona es la Tammy, la monga que se dedica a dejarme mensajitos de amor en todos lados (desde el celular hasta este mongo blog). Recuerdo cuando la conocí, a simple vista la encontré una chica distinta y bonita. Luego llamó mi atención lo capa que es, me gustaba ver a una mujer destacándose por eso y no por lo bonita (y pucha que es linda la Tammy). Los profesores suelen usar como ejemplo un trabajo bien hecho de algún alumno, esos trabajos siempre son los de la Tammy. Así partió nuestra amistad, con mucha admiración, la cual aun se mantiene y lo que es mejor, se amplía. La Tammy me tiene paciencia, yo le hablo todo el día, ella se maravilla con mis idioteces y sonríe mientras me mira con esos ojos hermosos que tiene. Si nos vieran juntas en la calle, verían a una pareja de mongas en la cual una de ellas habla, mueve los brazos y hace gestos profusamente; mientras la otra escucha y sonríe pacientemente. La Tammy es la primera mujer con la cual no tengo que hablar de hombres para encontrar coincidencias. He intentado alejarla de mi lado 4008883765343 veces (por mis inseguridades), pero menos mal ella es porfiada y entiende que estoy loca. El domingo pasado estuvo de cumpleaños y quiero una vez más agradecerle tanto amor y comprensión, tantas coincidencias y detalles, tantas risas y cariños. Te amo hermosa mía, eres mi compañía perfecta. Feliz cumpleaños, nos quedan muchos días para celebrarnos.

